Después de esa etapa volví a Córdoba para estar cerca de mi familia y buscar una vida más tranquila. Quería conectar con mi parte emprendedora y construir un proyecto propio desde otro lugar.
Trabajé como electricista e instalador de aire acondicionado. Me recibí en Administración en Santo Domingo y también me formé en el programa Jóvenes Dirigentes de Córdoba.
Así nació Alma, mi sueño de una cafetería y heladería artesanal familiar: un espacio para recibir a otros, compartir lo que hacíamos y sostenernos con nuestro trabajo.
Al mismo tiempo, seguí buscando oportunidades para aprender:
- Abogacía en la Universidad Kennedy.
- Formación como martillero en el Colegio Nacional de Monserrat.
- Ciberseguridad, con una beca de Google.
Las dificultades del local, el accidente y los problemas de salud que atravesé interrumpieron el proyecto, mi actividad laboral y mis estudios.